La importancia de la autoestima en los más pequeños

Creative Commons- Francesca Dioni.
Creative Commons- Francesca Dioni.

María Parés Ramírez

Ayudar a que nuestros hijos desarrollen una autoestima saludable es un regalo para toda la vida. En una sociedad donde vivimos con prisa para hacer todo y nada de lo que hacemos resulta ser suficiente, es necesario pisar firme y tener seguridad en sí mismo/a.

Como madres y padres, no queremos que nuestro hijo o hija tenga miedo y ansiedad en todo momento, que no se atreva a tomar las riendas de su vida, que viva pensando en qué dirán los demás, que no quiera intentar nada nuevo. Tampoco queremos que nuestros niños, ya adultos, descuiden su salud por no valorar su vida, que se sientan culpables por todo lo que ocurre a su alrededor o se envuelvan en relaciones enfermizas por dependencia de otras personas.

Mis hijos todavía están muy pequeños, pero ya sé que me gustaría que fueran adultos seguros de sí mismos y listos para arriesgarse a tomar decisiones. Es probable que en cada etapa de sus vidas tenga que acrecentar o modificar mis “técnicas” para el cultivo de su autoestima. Por ahora, comparto con ustedes las que pongo en práctica.

-Doy cumplidos por todos los trabajos bien hechos; tanto que ya mi hijo mayor me dice “muy bien, mami” cuando hago algo bien o que le ha gustado –hornear galletas-.

-Los invito a intentar de nuevo, todo lo que puedan. Si se caen del triciclo, lo intentamos de nuevo. Si se les hace difícil tomar sopa solos, lo seguimos intentado. Si hay algo que les parece muy difícil, les doy algunos días de descanso para volverlo a intentar.

-Reconozco cuando una situación es difícil y puede ocurrir de nuevo, pero los animo a continuar. “Si corres muy rápido te puedes caer. Eso ocurre a veces. Límpiate las manos y sigue.”

-Cambio comentarios negativos por comentarios positivos. En lugar de decirles “No lo estás haciendo bien”, les digo “Intenta de esta manera”.

-Permito que tomen ciertas decisiones: ¿Quieres comer en el plato rojo o amarillo? Al tomar decisiones se sienten responsables de los resultados, aunque coman en platos de tortugas ninja todos los días.

-Les enseño a compartir, para que otros niños se sientan bien jugando con ellos y viceversa. Con uno de mis hijos estoy en la etapa posesiva (todo es “mío”); recuerdo tener paciencia y tolerar mientras educo.

-Les enseño a respetar a otros, a no dar golpes y a decir hola, gracias, buenos días. Se sienten muy especiales cuando alguien les contesta.

-Busco la manera de reír por muchas cosas, principalmente cuando algo no nos sale bien (por ejemplo, cuando la torre de bloques se cae). No quiero que se tomen los golpes de la vida tan en serio. Total, mañana lo podremos intentar nuevamente.

Foto Creative Commons- Francesca Dioni/ Flickr.