Los años solitarios

Por- María Parés Ramírez

Durante el embarazo de mi primer hijo soñaba despierta con todas las cosas que haríamos juntos. Con mi hijo a mi lado jamás me podría sentir sola. Para decir más, ya en ese momento sabía que quería tener dos hijos; aún no paría el primero y ya hacía planes con dos personitas. Entendía que nunca estaría sola y todo lo planificaría teniendo en cuenta lo que fuera mejor para ellos. En parte, estaba en lo correcto.

Es cierto que todo lo planificaría teniendo en cuenta el bienestar de mis crías, sin embargo, la vida de una madre trae consigo una soledad que no sospechaba. Una soledad diferente a la experimentada anteriormente, ya que siempre estoy acompañada y ocupada. El hecho de que mi vida gire alrededor de mis hijos me da alegría, pero también disminuye el tiempo que antes podía dedicar a cosas, actividades y personas de mi agrado, sin tener que pensar en cuán positivas o negativas puedan ser para mis chiquitines. En muchas ocasiones quisiera tener una conversación con otra persona adulta y que el tema principal no esté relacionado a niños.

Cuando noté estos sentimientos por primera vez me sentí mal, me veía a mí misma como una mala madre. En ese momento todavía no comprendía que ser madre es un trabajo extenuante del cual no se tiene descanso; especialmente en los primeros años de vida de los hijos, cuando son más dependientes. Con esto no quiero decir que sea un mal trabajo, mucho menos me arrepiento de hacerlo; pero ahora entiendo la necesidad que siento de hacer cosas por mí. Necesito crear un balance en mi vida en el cual mis hijos tengan el amor y la atención que necesitan, sin que su mamá se vuelva loca.

Teniendo esto en mente, he buscado maneras de mantener contacto con otros adultos con quien poder intercambiar ideas afines. El hecho de tener familiares cerca me da la opción de hacer visitas en las que mis hijos puedan jugar en un ambiente seguro, mientras yo puedo compartir con otros adultos. Estos mismos familiares planifican salidas en las que, tanto los niños como los adultos, podemos pasar un buen rato. Aún visitando un lugar para pequeños, como el parque, los adultos de la familia pueden conversar. La familia es un buen recurso para los momentos en que nos sentimos solos.

Al igual que la familia, existen amigos que siempre estarán disponibles; aprovecha cada momento que puedan pasar juntos. Con los viejos amigos podrás recordar lo vivido y reír juntos, creando nuevos recuerdos; con amistades recientes puedes envolverte en nuevos proyectos que sacudan tu mente de la monotonía. Si tienes amigos con quienes puedes reír y crear nuevos proyectos, no desaproveches tu suerte.

Utiliza actividades infantiles para conocer otras personas o, al menos, hablar sobre el precio de la gasolina. Los familiares que llevan niños a participar de actividades que ayuden en su desarrollo tienen algo en común contigo: quieren lo mejor para los pequeños. Es probable que puedas tener algo más en común con ellos; de no ser así, tienes la satisfacción de haberlo intentado.

Aprecia la tecnología y úsala a tu favor. Si tu beba se ha sentido mal y no quieres sacarla mucho de la casa, llama a alguna amistad y ten una buena conversación mientras tu hija descansa. Si no tienes el tiempo de llamar, envía un mensaje de texto a aquellas personas con quienes quieres mantener una relación. Intercambia ideas por medios sociales. La tecnología ha abierto nuevas líneas de comunicación que pueden ser usadas para nuestro beneficio. Por otro lado, si reconoces que alguna página social te deprime, bórrala y continúa tu vida.

Usualmente, no disfruto de hablar sobre temas de poca importancia – el llamado “small talk” en inglés-, pero he notado ocasiones en las que nos pueden hacer bien. Saludar a los vecinos, hablar con la señora en la fila del supermercado, pedir algún título en la biblioteca saca tu mente de sus pensamientos diarios y te da la sensación de tener un descanso. Gracias a una de estas “pequeñas conversaciones” supe que habría luz al final del camino. Un día en el que me sentía particularmente agotada, una señora me detuvo en la biblioteca para decirme que todo saldría bien; ella entendía que tener dos hijos pequeños puede ser agobiante por momentos, pero paulatinamente se me haría más fácil llevar una vida balanceada.

No todas las madres tienen la dicha de encontrarse con un extraño que les recuerde que todo saldrá bien, por eso decidí escribirlo. Recuerda que no estás sola, muchas ya han pasado por este camino. Ser madre es un trabajo agotador, pero se puede lograr.

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Foto- Donnie Ray Jones- CC