No nos hagamos daño

Por- María Parés Ramírez

Desde pequeña, muchas personas a mi alrededor se dieron a la tarea de elogiar lo bien que hacía los trabajos del hogar, lo cuidadosa que era con mis hermanos menores y el hecho de que no gastaba mucho. Muchos me dijeron que sería una esposa perfecta, una madre ejemplar; porque –obviamente- todas las niñas sueñan con casarse y tener hijos. Lo cierto es que limpiaba la casa porque no me gustan los lugares sucios; aún cuido de mis hermanos porque los amo; no me gusta gastar dinero en boberías porque creo que hay mejores cosas que hacer en la vida.

Ya siendo joven adulta y estudiante universitaria trabajé a tiempo parcial en una biblioteca. Siempre me ha gustado aprender, por lo que andaba de un lado para otro con mis libros y apuntes, aún en el trabajo.

Recuerdo como hoy el día en que un estudiante de maestría (casado) se me acercó para decirme cuán buena esposa sería, que el hombre que se casara conmigo sería afortunado porque no le iba gastar el dinero. Al parecer estaba observando mi modo de escribir; me gusta usar todo el papel, por respeto al árbol sacrificado. En el momento no supe qué decir. Me parecía ridículo el comentario, pero no quería faltarle al respeto; sonreí, tomé mis cosas y me fui.

Luego de tantos años seguía siendo “buen material para esposa”, aunque eso fuera lo último que pasara por mi mente. Pensar que todas las mujeres deben casarse y tener hijos –por ser el orden natural de la vida-, nos hace daño. La manera en que se educa a muchas niñas para que se preocupen por ser buenas esposas, corta demasiadas alas. El hecho de que una persona tenga vulva no la obliga a reproducirse. Me atrevo a decir más, arrastrar estos estereotipos no solo hace daño a mujeres solteras o libres de hijos, nos hace un daño terrible a las que hemos decidido ser madres y estamos envueltas en una relación estable.

Sin preocuparse por nuestra opinión, se espera que cumplamos con todas las expectativas de “buena esposa”, “la mejor madre del mundo”, “el ángel del hogar”, “la señora de la casa”, además de tener una vida profesional fascinante y una divertida vida personal. Por milenios, las diferentes sociedades que han surgido en el mundo han considerado el trabajo del hogar una tarea importante. Dependiendo de la sociedad, las divisiones cambiaban, pero casi siempre era la mujer/esposa/madre la persona encargada de mantener la casa en buenas condiciones, preparar alimentos y criar los hijos durante sus primeros años de vida.

Gracias a cambios sociales (relativamente) recientes, ahora una mujer puede ser la cazadora/trabajadora si así lo desea; sin embargo, todavía muchos esperan que cumpla con las tareas “asignadas” a su sexo miles de años atrás. Probablemente, a ningún cazador de sexo masculino se le exigía que –al regresar de su cacería- amasara el pan, lavara la ropa, limpiara el piso y alimentara a los niños. Sabiendo lo difícil que se hace lograrlo, ¿por qué esperamos esto de nosotras mismas y de otras mujeres?

Reconozco que hablo desde una posición privilegiada; trabajo a tiempo parcial y hago mucho trabajo desde la casa. Por otro lado, entiendo que ser madre es un trabajo a tiempo completo que exige más tiempo y esfuerzo que muchos otros. (Un aplauso para las madres que trabajan a tiempo completo, dentro y fuera del hogar). Durante el día no tengo un momento de descanso; cuando mis hijos toman la siesta, yo me siento frente al escritorio.

Dividimos los días según las actividades y juegos más apropiados para mis hijos, las diligencias que se deban completar, el trabajo de la casa y mi trabajo. A este tiempo se deben añadir las tres horas diarias que paso en la cocina, espacio detestado por mí. En la noche salgo a trabajar, o trabajo desde la casa. Se debe notar que el fin de semana es una ilusión y dormir hasta las ocho de la mañana es un placer pocas veces saboreado.

Ser madre, compañera y trabajadora del hogar es una labor ardua y merece respeto. Si, además de todo esto, se tiene un trabajo fuera del hogar, la vida se hace más complicada. Por esta razón –entre otras muchas- entiendo a las mujeres que han decidido no casarse o no tener hijos. Por más difícil que nos parezca, debemos intentar no juzgar a las personas que no han tomado las mismas decisiones que nosotros o no hacen ciertas cosas del modo en que entendemos es el mejor.

Debemos evitar ser piedra de tropiezo para otras mujeres. Respetemos decisiones diversas y diferentes estilos de vida, sin esperar “un cambio” en ellas. Una mujer no necesita ser madre para “estar completa”. Una madre nunca deja de trabajar, aunque no se gane un cheque cada quincena. No todas las mujeres sueñan con casarse o encontrar “su mitad” – ni que anduvieran por el mundo con las tripas colgando-. No nos hagamos más daño, no lo necesitamos.

Imagen- paulcbrunson.com