Madre militante

“Se necesita todo un pueblo para educar a un niño.”
Proverbio africano

Por- María Parés Ramírez

Cultivar la idea de que una madre debe olvidar todo lo que ocurre en la sociedad para dedicarse a sus hijos, a la larga, trae más problemas que beneficios. Hay personas que miran con desdén a una familia que protesta por aquello que entiende justo; esas personas opinan que un niño no debe inmiscuirse en asuntos de adultos. Otras, ven como algo ridículo que un padre quiera enseñar a su hijo a sembrar o reciclar; entienden que una sola persona no puede cambiar el mundo. Si eres una de estas personas, no eres parte del pueblo que mis hijos necesitan en su crianza.

Entré a unos cursos de cocina (sí, todavía tengo fe en mí misma) se habló de la importancia de la comunidad en la vida y desarrollo familiar, centrándose en la alimentación. La profesora encargada de la clase hace un pequeño dibujo para reflejar la relación de nuestros hijos con la comunidad en la que viven. Cada criatura es protegida por diversas “capas”: su familia, su comunidad, su pueblo, etcétera. Cada una de estas capas provee a cada personita de seguridad, educación, oportunidades y ejemplos que pueden ayudar al máximo desarrollo de las susodichas personitas.

La familia funciona como unidad nuclear mínima de la sociedad, pero es la de mayor importancia para el buen funcionamiento de una comunidad. La familia nuclear usualmente consiste de las personas que comparten un techo –al menos la mayoría del tiempo- y tradicionalmente se ve como: padre, madre e hijos. Sabemos que existen muchas familias que no están compuestas de este modo, sin embargo, tienen funciones similares. Los adultos deben estar encargados de cubrir las necesidades básicas de los menores: vivienda, comida y ropa. Además, deben proveer un ambiente seguro, de amor y respeto, donde la educación sea un factor importante.

Mientras que el niño comparte diariamente con su familia nuclear, la familia extendida puede jugar un papel importante en su desarrollo. Esto es especialmente cierto en familias hispanas, donde abuelos, tíos y primos son figuras y ejemplos a seguir. Preparar una sopa con abuela, jugar pelota con tío, ir al parque con los primos son experiencias enriquecedoras que educan a nuestros hijos y les ayudan a formar su carácter. ¿Qué ejemplo reciben tus hijos – tu mayor tesoro- por parte de su familia?

La segunda capa que protege a cada criatura es la comunidad en la que viven. Tradicionalmente, se entiende que la comunidad es el lugar específico que rodea nuestra vivienda, pero a este concepto se le debe añadir la comunidad religiosa, deportiva, artística, científica o cualquier otra agrupación que forme parte de las rutinas familiares. Al hablar de comunidad debemos pensar en escuelas, hospitales, parques, iglesias, bibliotecas, tiendas, restaurantes y los vecinos o compañeros con quienes compartimos esos espacios. La comunidad provee unos servicios imprescindibles para nuestro desarrollo y bienestar, pero está en nosotros –entiéndase, adultos de la familia- sacar el mejor provecho de estos recursos.

Al mismo tiempo que aprovechamos los beneficios de nuestra comunidad, debemos poner de nuestra parte para que otros miembros los puedan disfrutar. Entre nuestros deberes se encuentran el no ensuciar lugares públicos, devolver los libros a la biblioteca, seguir las reglas de un establecimiento, pagar cualquier multa obtenida por violar una regla, no tomar tres espacios en el estacionamiento. Si queremos trabajar más por mejorar nuestra comunidad podemos hacer trabajo voluntario, promover mercados agrícolas, crear actividades de confraternización. Es importante que los niños de la familia comprendan que una comunidad no nace de la nada, la misma se crea gracias a personas como ellos y sus familias.

Luego de estas primeras capas de protección, llegamos a la más abarcadora, que puede ser dividida por: pueblo, condado, estado, región, país. Cada familia podrá ver diferentes divisiones dependiendo del lugar de residencia. Esta división se encarga de crear leyes, dar ayudas, modificar reglamentos que afectan campos como medicina, vivienda, agricultura, nutrición, educación, comercio, entre otros; la lista puede continuar por mucho tiempo. En esta capa se decide el acceso que puede tener una familia a medicamentos de bajo costo o a una escuela ejemplar. Esta capa es la que más difícil nos resulta cambiar como individuos, sin embargo, no es imposible. Cada vez que damos nuestro voto, debemos hacerlo en pleno uso de conciencia. Cuando nuestros hijos forman parte de una escuela debemos tomar parte de las decisiones discutidas en sus reuniones. Debemos adoptar una posición en los problemas que nos aquejen. Reconozco que no tengo el poder que un Senador puede tener para lograr cambios a este nivel, pero tengo la capacidad de hacerme oír.

Como adultos encargados de una familia y ejemplos para personitas en formación, debemos dar lo mejor de nosotros mismos como individuos, miembros de la familia, de una comunidad y un pueblo. Cada uno de nuestros actos es vigilado y, muy probablemente, copiado, por los más pequeños de la familia; nuestros movimientos deben estar “fríamente calculados”, como diría el Chapulín Colorado. Si entiendes que la conservación del medio ambiente es importante, enseña a tus hijos sobre el reciclaje. Si es importante para ti pertenecer a una comunidad espiritual, sé miembro activo de la misma y enseña sus preceptos en el hogar. Si tienes la oportunidad de votar para cambiar una ley injusta, hazlo y convérsalo con tus hijos.

Reconozco que no puedo cambiar el mundo sola, pero tengo la habilidad de modificar mi entorno. Aún más, tengo el deber de proveer a mis hijos (y sobrinos) un espacio donde puedan desarrollarse al máximo. Yo decido poner mi granito de arena para alcanzarlo. Yo defiendo mis ideologías, soy militante.