La “moda” de la depresión postparto

Por- María Parés Ramírez

La desinformación que recibe una mujer embarazada o recién parida me parece ridículamente cuantiosa. Hay que escuchar de alimentación, crianza, educación, ejercitación, espiritualidad y veinte cosas más, pero una de las peores piezas de desinformación de la que he escuchado hablar es la “nueva ridiculez de la depresión postparto”. Para muchas personas –tanto hombres como mujeres- el solo hecho de mencionar esta condición es motivo de burla. No solo eso, es un tema tan difícil de tocar en ciertas ocasiones que podría llevar a romper relaciones familiares o de amistad.

Recién parida de mi primer hijo una familia con hijos visitó la casa para conocer al recién llegado. Por alguna razón que no recuerdo bien comenzamos a hablar de la depresión postparto. El caballero quería saber mi opinión sobre el tema. De la manera más amable posible le expliqué lo que entendía acerca de la condición –gracias a páginas como Mayo Clinic pude dar los nombres propios-. Tan pronto terminé de hablar, él tomó la palabra y, en tono burlón, habló sobre cómo las mujeres nos habíamos vuelto más débiles, porque ni su mamá, ni su abuela, ni su tía lo habían sufrido.

Sonreí y dejé que otro miembro de mi familia lo atendiera, me comporté como toda una dama inglesa. Teniendo en cuenta el sarcasmo y la burla en sus palabras podrán imaginar que no lo he visto en mucho tiempo, y no muero por verlo. Por lo que he vivido luego de ser madre, reconozco que esa actitud suele ser más común en el sector masculino de cualquier edad y en el femenino “más madurito”. Este hecho me hace preguntarme cómo se puede dar cabida a un pensamiento tan contradictorio a lo que se ha probado médica y psicológicamente.

Muchas mujeres sufren cambios de temperamento durante los primero días luego de parir, pero una depresión puede durar semanas o meses. Mientras los cambios normales experimentados por una recién madre pueden incluir ansiedad, tristeza o problemas al dormir, la depresión postparto incluye cambios de temperamento más severos, insomnio, dificultad para crear una relación afectiva con la cría y el pensamiento de hacer daño al bebé o a sí misma. ¿Ahora ven la diferencia?

Una persona que padece de depresión severa puede poner en riesgo su vida y la de otros. Si una madre tiene problemas para completar sus tareas diarias por estar envuelta en sus pensamientos, si lleva más de dos semanas sintiéndose mal consigo misma o fuera de lugar, si ha pensado en hacer o hacerse daño, esa madre necesita ayuda. (En este momento me parece escuchar el comentario “a mi mamá no le pasó eso”.) Si no conoces a nadie que haya vivido esta situación, te felicito. Si, por el contrario, conoces a alguien que esté pasando por esto, ofrece tu ayuda. Ayudando a la madre, ayudas a su cría. Es normal que una persona deprimida vaya a terapia, o hasta sea medicada, ¿por qué es motivo de burla, entonces, que una madre busque ayuda?

Los cambios que experimenta una familia, principalmente la madre, con la llegada de un bebé son inmensos. La madre experimentará cambios físicos que, de cierto modo, pueden afectar al padre también; no, no todas tenemos acceso a dietistas y entrenadores profesionales que nos hagan vestir bikinis en tres semanas. Los cambios emocionales también son visibles: dormir tres horas diarias no es considerado descanso. El estilo de vida de todos en la casa se sacudirá, le pueden preguntar a mi hijo mayor, que todavía está adaptándose a su hermanito. La llegada de un hijo siembra alegría y esperanza en tu corazón, pero también añade gastos, esfuerzo y trabajo a tu vida. Por más hermoso que sea convertirse en madre, una mujer inteligente sabe que es un trabajo de por vida con remuneración monetaria nula.

¿Cómo es posible que, aun sabiendo sobre todos estos cambios, haya gente que no pueda reconocer la vulnerabilidad de una madre deprimida? Mientras más busco una respuesta, más pienso en lo mucho que una mujer puede perder al convertirse en madre. Muchas tenemos que escoger entre una vida profesional y una vida de familia, es imposible dedicar la misma cantidad y calidad de tiempo a ambas.

Lo “bueno” es que vas a ser criticada no importa cuál elijas, así que haz lo que mejor te parezca. Algunas mujeres, luego de parir, nos tardamos un año en recobrar el cuerpo, la energía y el deseo de hacer cosas. Poder dormir más de seis horas diarias se convierte en fantasía. Cuando vayas de compras tienes que llevar papel, lápiz y calculadora para asegurar que puedes costear la comida semanal. Si tu criaturita no fue planificada puedes experimentar sentimientos encontrados. ¿Esto no es suficiente para deprimirse? Si tienes amistades y familiares que te apoyen, eres bendecida; cultiva tu red de apoyo. Lamento decir que esa no es la norma, las personas que deberían formar tu red de apoyo muchas veces parecen convertirse en tus enemigos.

“Pero a mi abuela no le pasó eso.” Si tú, ni tu mamá, ni tu abuela, ni tu tía se sintieron deprimidas alégrate, pero no te burles del dolor ajeno. Debe ser bueno –y un poco aburrido- no tener dudas. El resto de nosotras pasaremos las noches en vela tratando de estirar cada dólar; haremos todo lo posible por llegar a tiempo para poder pasar más tiempo con nuestros hijos; trataremos de mantener una estabilidad entre nuestras muchas caras: madre, esposa, tía, hermana, hija, trabajadora, líder, cocinera, ama de casa, enfermera nocturna. Lo pensamos hacer todo sin morir en el intento. Quizás el problema radica en pensar. Mientras menos piensas y menos sientes, más te asemejas a una autómata.

Nota: El caballero del tono burlón lleva algún tiempo soltero, por si a alguien le interesa envolverse en una relación sin futuro.

Foto- Ashley Rosex