Una mamá feminista

Por- María Parés Ramírez

Luego de dar a luz hubo quien me preguntó dónde habían quedado mis ideales feministas de juventud. Me dijeron que no había manera de mezclar la maternidad con mis ideales, por ser antagónicos. Sabiendo en lo más profundo de mi ser que estas personas estaban equivocadas, pensé mucho sobre el tema y busqué educarme al respecto – lo que no parece haber ocurrido con otras personas-.

Según la Real Academia Española, el feminismo es:
“1. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres. 2. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.” Si este movimiento busca una igualdad entre ambos sexos, ¿por qué llamarla feminismo? Nuestra sociedad ha cambiado mucho y, con ella, nuestra percepción de los derechos y deberes de diferentes sectores dentro de la sociedad.

Para los más jóvenes puede parecer increíble que en un momento, no muy lejano, una mujer no pudiera votar. Personas como las primeras feministas fueron agentes de cambio y, gracias al término por el cual se les ha conocido, dan a entender que están a favor de un mejor trato hacia el sector femenino en la sociedad. Aún el día de hoy, ser una mujer que desee gozar de los mismos privilegios que un hombre es vista de forma sospechosa: la jefa de la compañía es una come hombres; la ingeniera es una “machúa”; la que no aprende a cocinar se queda sin marido. Si a esta locura femínea de querer ser considerada un ser pensante añadimos la súper locura de querer traer una criatura al mundo, parecen acabarse las oportunidades de ser considerada como igual.

En el momento en que te conviertes en madre gran parte de las personas que te rodean esperan que dejes de ser tú y comiences tu transformación de ángel celestial parturienta. Todavía no entiendo muy bien todos los pasos que conlleva esta transformación, pero entre ellos puedo notar el hablar menos, cocinar más, pensar menos, limpiar más, evitar lecturas “difíciles” para dar paso a los manuales de instrucción para ser mejor madre y ama de casa. Ahora bien, si mis hijos son varones, qué gano con mostrar y educar una actitud de igualdad de género ante ellos y querer inculcarles que una persona es más valiosa por sus méritos que por su área genital. Sé que ser varones les dará muchas oportunidades que yo no tuve, y jamás tendrán que contestar preguntas ridículas acerca de su posible estado marital y lo necesario de la procreación.

Entiendo que pocas veces los miraran con ojos lujuriosos mientras compran pan en el supermercado, ni les dirán obscenidades en la gasolinera, muy pocas camioneras o ingenieras se verán tentadas a tocarles la bocina. Reconozco, en fin, que mis hijos nunca vivirán las situaciones que yo he vivido. Eso no quiere decir que voy a permitir una crianza de victimarios de mujeres. Debemos estar claros en una cosa, cuando digo victimario no me refiero solamente al victimario físico o sexual, hablo del hostigador, el tocón, el burlón, el de los chistes machistas, ese que es primo, vecino o compañero de trabajo. No creo que sea posible cambiar la forma de pensar del mundo entero –incluyendo mi familia-, pero puedo educar a mis pequeñitos para que no repitan actitudes negativas y denigrantes hacia personas que no son “iguales”. Quizás ninguno de mis hijos se convierta en paladín justiciero por la igualdad de género, pero tampoco debo promover que se conviertan en piedra de tropiezo para otras personas.

La educación comienza en el hogar, el lugar predilecto para contagiar enfermedades y malas costumbres. Hay quien escoge perder la oportunidad de criar personas de bien, pensando que a alguien más le corresponde esa tarea. Yo, por el contrario, escojo crear vínculos de amor y respeto con mis hijos. Lectura recomendada: “Propuestas teóricas feministas en relación al concepto de maternidad” Lorena Saletti Cuesta. Este texto, encontrado en línea, hace una excelente recopilación y análisis de las propuestas feministas en torno a la maternidad, según los constructos sociales de diferentes épocas. En su trabajo divide las ideas en dos grupos: las propuestas que buscan destruir el ideal de maternidad existente por generaciones y las propuestas que apoyan la búsqueda de una nueva maternidad.

En el primer bloque se analizan teorías que buscan romper con el modelo de la maternidad como necesidad femenina o requisito para ser una mujer “completa”, por entender que estos ideales son constructos sociales; de aquí sale la crítica al concepto de la mujer como “jefa del hogar”, ya que implica que no debe salir del ámbito familiar y hogareño. En el segundo bloque se habla de las teorías en las que las mujeres que no son víctimas de la cultura patriarcal; trabajan por formar, recuperar y fomentar relaciones entre mujeres, como método de enseñanza saludable.