Frida Kahlo: vida y obra.

Por- Sime Río

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Hace tres semanas se celebraban los ciento siete años del nacimiento de Frida Kahlo y, la semana pasada, los sesenta años de su fallecimiento. Es, sin temor a equivocarme, un ícono en la plástica contemporánea, una figura fundamental del siglo 20 y una de las pintoras mexicanas más importantes de la historia del arte. Una de las primeras artistas que presenta un verdadero trabajo introspectivo, tanto de autorretrato como de autorrepresentación. Su trabajo se caracteriza por ser autobiográfico, por hacer alusión a sus raíces mexicanas pero trascendiendo los límites del localismo mexicano y, por hacer propuestas de opuestos: lo femenino y lo masculino, lo nacional y lo internacional, lo biográfico y lo público representado desde una feminidad agresiva e intelectual.

Magdalena Frida Carmen Kahlo Calderón nació el 6 de julio de 1907 en Coyoacán, México, pero más tarde cambió la fecha de su nacimiento para hacerla coincidir con el estallido de la Revolución en 1910. Su padre, Wilhelm Kahlo (quién cambió su nombre alemán al equivalente español, Guillermo), era judío alemán-hungaro y emigró a México en 1891. Se dedicó, en su patria adoptiva, a la fotografía siendo un amante del autoretrato y, en su tiempo libre, pintaba paisaje con acuarela. Su madre fue Matilde Calderón y González, hija del también fotográfo Antonio Calderón.

A la edad de seis años Frida contrajo poliomielitis y tuvo que guardar cama durante nueve meses. En esos meses su pierna derecha no se desarrolló bien, quedando más corta y delgada que la izquierda, y su pie derecho se atrofió. Su padre se aseguró de que hiciera los ejercicios de fisioterapia necesarios para enderezar la pierna, pero a pesar de sus esfuerzos, su pierna y pie quedaron deformados para siempre.

Frida, en algún momento de su juventud, trabajó con su padre en un estudio de fotografía que tenía en el centro comercial de la capital y, por un corto tiempo, fue aprendiz en un taller de grabado. Fue una estudiante inteligente, aunque no muy aplicada. Siempre manifestó una actitud independiente y excéntrica. Prefería los juegos masculinos y en ocasiones vestía con atuendo varonil; el calificativo “marimacho” nunca le importó.

En 1922, después de completar su educación primaria en el Colegio Alemán, Frida entró en la Escuela Nacional Preparatoria, el mejor instituto de enseñanza secundaria en México. Deseaba estudiar ciencias naturales y convertirse en médico. En esta escuela se unió a un grupo llamado Los Cachuchas, un grupo que compartía las ideas socialistas-nacionalistas de José Vasconcelos, Ministro de Educación Pública. Su novio por entonces, Alejandro Gómez Arias, un estudiante de derecho y periodista, era el líder del grupo.

En 1925, cuando Frida tenía 18 años, sufrió un accidente que cambiaría el resto de su vida. El 17 de septiembre, junto a su novio Alejandro, toman un autobús que los llevaría de la escuela a la casa. El mismo fue impactado lateralmente por un tranvía quedando aplastado contra un muro y completamente destruido; varias personas murieron. La columna vertebral de Frida quedó fracturada en tres partes, sufriendo además fracturas en dos costillas, en la clavícula y en el hueso púbico. Su pierna derecha se fracturó en once partes, su pie derecho se dislocó, su hombro izquierdo se descoyuntó y un pasamanos de acero le atravesó el abdomén y le salió por la vagina. “A mí el pasamanos me atravesó como la espada a un toro. ¡Allí perdí la virginidad!”, comentó tiempo después.

El aburrimiento que le causaba la postración la llevo a empezar a pintar y escribirle varias cartas a Alejandro Gómez Arias. Empezó a pintar durante la convalecencia después del accidente, tomando en préstamo los pinceles y colores de su padre, sobre un caballete especial que mandó a fabricar su madre; el mismo se apoyaba en la cama y aguantaba los lienzos en los que Frida pintaba. También hicieron instalar un espejo bajo el dosel de su cama, el cual le permitía verse y convertirse en modelo para sus cuadros.

Conoció al pintor Diego Rivera cuando éste pintaba un mural en la Escuela Preparatoria en 1922; llegó a la fascinación por él. Luego fue a visitarlo al Ministerio de Educación Pública, estaba trabajando en otro mural. Frida admiraba a ambos, al artista y al hombre y quería su opinión acerca de su arte. Rivera estaba muy impresionado y la animó a continuar con su trabajo. La gran impresión de Diego se extendía también a la mujer, y se convirtió en un frecuente huésped en la casa de Kahlo. Asimismo, incluyó una imagen de Frida en uno de sus murales en el Ministerio de Educación Pública.

Tiempo después volvieron a encontrarse a través de su amistad con la fotógrafa italo-estadounidense Tina Modotti. Diego era el amor de su vida, su amigo, amante, su hombre, su niño, su todo. Diego, en aquellos días, era un miembro del Partido Comunista Mexicano y, en 1928, Frida también se unió al Partido; abandonó el Partido, en 1929,cuando Rivera fue expulsado por sus opiniones contra el estalinismo.

El 21 de agosto de 1929, en una ceremonia simple en el Ayuntamiento de Coyoacán, Frida y Diego se casaron. Ella con 22 años y él 42. La pareja se mudó inicialmente a un apartamento en la Ciudad de México, pero después de un tiempo se mudaron a Cuernavaca, donde Diego estaba trabajando en un nuevo mural.

A principios de 1930 Frida quedó embarazada por primera vez. Tuvo que sufrir un aborto terapéutico ya que el feto estaba en una posición incorrecta. Como resultado del accidente de autobús, y la fractura de la pelvis, los médicos le dijeron que probablemente nunca podría tener hijos. En noviembre de este año la pareja se mudó a los Estados Unidos. Su primera parada fue San Francisco, California; a Diego le habían encargado pintar unos murales en la Bolsa de San Francisco así como en otros edificios públicos. Durante ésta estancia, Frida conoció al Doctor Leo Eloesser, un importante cirujano con el que inició una amistad que duraría hasta su muerte. En junio de 1931, Kahlo y Rivera volvieron brevemente a México y entonces viajaron a Nueva York, donde Rivera había sido invitado a asistir a una exposición retrospectiva de sus trabajos.

En 1932 se mudan a Detroit y Frida quedó embarazada por segunda vez; enseguida le informó al Dr. Eloesser y él recomendó que se pusiera en contacto con un médico en el hospital Henry Ford. Aunque el Dr. Eloesser animó a Frida a continuar con el embarazo en lugar de abortar, ésta no estaba convencida. En una carta al Dr. Eloesser, le escribió que Diego no estaba interesado en tener hijos y también estaba preocupada por posibles complicaciones durante el embarazo. El doctor en Detroit le recomendó llevar a término el embarazo ya que sería mejor que un aborto. Frida estaba muy excitada con la idea de tener un hijo y decidió seguir adelante con el embarazo, incluso con los problemas que tendría que sobrellevar. Un 4 de julio sufrió un aborto espontáneo y perdió el bebé que tanto deseaba. Fue una experiencia muy traumática para ella y pasó los siguientes 13 días en el hospital.

El golpe para la artista fue fuerte. Pidió que le proporcionaran libros médicos con fotografías de fetos; quería pintar al hijo que había perdido. Compone “Frida y el aborto”; es ahí cuando comienza a plasmar su traumática experiencia del aborto en un dibujo. También pinta sobre metal el cuadro “Hospital Henry Ford. Cada vez más comienzan a destacar en su pintura objetos que se descontextualizan y se incluyen con un valor netamente simbólico; mas que una escena fiel a la realidad, la pintora busca reflejar su estado anímico y demostrar lo que ha vivido. Frida volvió a México en 1932 cuando su madre falleció, un 15 de septiembre, durante una operación en la vesícula biliar.

En marzo de 1933 la pareja volvió a Nueva York donde pasarían nueve meses; a Diego le encargaron pintar un mural en el Rockefeller Center. Después de vivir en Estados Unidos durante casi 3 años, Frida añoraba México y quería volver a su país, pero Diego estaba entusiasmado con Estados Unidos y quería permanecer allá. Este desacuerdo causó serios problemas entre la pareja. A fin de año, Rivera fue despedido por pintar la cara de Lenin en uno de los trabajadores dibujados en su mural. Diego cedió a los deseos de Frida y en diciembre la pareja volvió a México.

A su regreso compraron una casa en San Ángel. Frida estaba ansiosa por empezar a pintar de nuevo, ya que había trabajado muy poco durante su último año en Estados Unidos. Pero el destino le jugó una mala pasada y sus ambiciones fueron destrozadas de nuevo por problemas de salud. En 1934 Frida quedó embarazada nuevamente y experimentó muchas complicaciones. Como en el pasado, el embarazo tuvo que ser abortado, enviándola de vuelta al hospital. El mismo año sufrió la primera operación en el pie derecho y tuvieron que amputarle cuatro dedos de los pies que tenían gangrena. Además de sus problemas de salud estaba teniendo serios problemas en su matrimonio.

Si bien Frida era una artista innata, el oficio de pintar fue un largo proceso de aprendizaje personal. La mayoría de sus cuadros los hizo encamada pero su gran fuerza y energía para vivir le permitieron una importante recuperación. “Mi pintura lleva dentro el mensaje del dolor… La pintura me completó la vida. Perdí tres hijos… Todo eso lo sustituyó la pintura”. La pintura fue parte de su lucha.

En 1935 Frida descubre que Diego, quien había tenido asuntos amorosos con otras mujeres durante su matrimonio, estaba manteniendo una relación sentimental con su hermana más joven: Cristina. Terriblemente dolida por la relación, Frida abandona la casa común y se muda a un apartamento en el centro de la Ciudad de México. Una vez allá procuró asesoría legal con vistas a un posible divorcio. En un esfuerzo por huir de sus problemas, Frida viajó a Nueva York con dos amigas. A finales de 1935 Diego termina su relación con Cristina y Frida vuele a San Ángel. Rivera no cesó sus infidelidad y Kahlo comenzó a tener sus propias aventuras amorosas, no sólo con hombres, sino también con mujeres.

En 1936 Frida sufrió otra operación en el pie derecho y volvió a involucrarse en la política. Cuando estalló la Guerra Civil en España, junto con otras mujeres, fundó un comité de solidaridad para ayudar a los republicanos españoles. Para esta fecha su relación con Diego había mejorado.

Diego admiraba al filósofo y político León Trotsky y, cuándo éste fue expulsado de Rusia y Noruega, la pareja elevó una petición al gobierno mexicano para que concediera asilo político a Trotsky y su esposa Natalia Sedova; la petición de asilo fue concedida. En enero de 1937, Trotsky y su esposa llegaron a Tampico, México. Frida los fue a recibir y se convirtieron en residentes de la Casa Azul, donde vivieron hasta abril de 1939.

En 1938, Diego y Frida reciben a otro huésped importante; uno de los líderes del surrealismo, el francés André Breton y su esposa, Jacqueline Lamba. Breton también simpatizaba con las ideas políticas de Trotsky y había viajado a México para conocerle. Cuando Breton vió las pinturas de Frida quedó muy impresionado y organizaría, un año más tarde, una exposición de sus trabajos en París. En alguna ocasión, André Breton intentó convencerla de que sus pinturas eran surrealistas, pero Frida decía que esta tendencia no correspondía con su arte. Tiempo después declaró: “Creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad”. En octubre de 1938 Frida viajó a Nueva York para preparar su exposición en la Galería de Julien Levy. El año anterior había participado en una exposición colectiva en México, pero esta exposición iba a ser su primera en solitario.

Frida pintaba principalmente para su satisfacción personal, nunca pensando en las opiniones del público acerca de su trabajo. Se quedó sorprendida al saber que a la gente le gustaban sus cuadros y estaban dispuestos a comprarlos. En el verano de 1939 el actor Edward G. Robinson compró cuatro de sus cuadros por $200 cada uno. Fue entonces cuando Frida se dio cuenta de que sus cuadros eran el pasaporte para independizarse financieramente de Diego.

La exposición de Nueva York fue un gran éxito y recibió criticas muy favorables de la prensa. La mitad de sus pinturas en la exposición se vendieron. Recibió encargos para nuevos trabajos y entre sus clientes se encontraban: Anson Conger Goodyear, Presidente del Museo de Arte Moderno de Nueva York y Clare Boothe Luce, editora de la revista Vanity Fair.

En 1939 Frida viajó sola a París para una exposición de su trabajo, patrocinada por André Breton. Cuando llegó encontró que no se habían hecho arreglos para la exposición prometida. Con la ayuda del pintor Marcel Duchamp, la galería Renou et Colle aceptó el mostrar la exposición. El 10 de marzo de 1939 abrió “Mexique”, una exposición que mostraba los trabajos de Kahlo y otras obras mexicanas de los siglos XVIII y XIX.

Su estancia en la capital francesa la llevó a relacionarse con Picasso y apareció en la portada de la revista Vogue, lo que le dio reconocimiento a nivel internacional. Frida no estaba impresionada ni con París ni con sus habitantes. Después de conocer a algunos de los amigos surrealistas de Breton, sintió disgusto por los artistas parisinos. Debido a que la exposición en París no fue un éxito financiero y a la inminente amenaza de la guerra, Frida decidió cancelar una exposición posterior que se iba a celebrar en la Galería Guggenheim Jeune en Londres. A pesar de su limitado éxito en París, recibió comentarios favorables de los críticos y una de las obras de esta exposición, Autorretrato El Marco, se convirtió en el primer cuadro de un artista mexicano adquirido por el Museo del Louvre.

Dos días después de que se clausurara la exposición en París, Frida partió hacia Nueva York. Después de una breve estancia volvió a su casa en México. Su relación con Rivera se había deteriorado. En el verano de 1939 se separaron y Frida volvió a la Casa Azul con sus padres. Hacia finales de ese año solicitaron el divorcio; fue Rivera quien insistió en él. La separación la afectó mucho emocionalmente. El 6 de noviembre de 1939 el divorcio fue consumado. Frida intentó desesperadamente ahogar sus penas bebiendo y sumergiéndose en su trabajo pero bien decía: “mis penas saben nadar”.

“Yo sufrí dos accidentes graves en mi vida. Uno en el que un autobús me tumbó al suelo… el otro accidente es Diego”.

Los problemas de salud de Frida reaparecieron, lo que no ayudaba a mejorar su estado emocional. A finales de 1939 empezó a experimentar severos dolores en su espalda y desarrolló una infección aguda de hongos en su mano derecha. Contactó a su viejo amigo, el doctor Eloesser, quién le aconsejó que fuera a visitarlo en San Francisco para seguir el tratamiento adecuado. Rivera se hallaba por entonces en San Francisco, trabajando en un mural. El doctor Eloesser medió entre los dos para facilitar una reconciliación. En diciembre, Diego le pidió a Frida que se casara de nuevo con él. Ella aceptó inmediatamente pero sólo bajo ciertas condiciones: 1) Ella se mantendría financieramente independiente con la venta de sus cuadros 2) Ella pagaría la mitad de los gastos de la casa y 3) no mantendrían relaciones sexuales. Diego aceptó voluntariamente los términos. Se casaron de nuevo el 8 de diciembre de 1940, el día del cumpleaños de Diego. Poco tiempo después de su matrimonio, Frida volvió a México.

Durante 1940 el trabajo de Frida estaba siendo reconocido en México y fue nombrada miembro de comités, ganó premios y contribuyó a varias publicaciones. Participó en muchas exposiciones colectivas en México y EEUU. Alcanzó reputación después de la Exposición Internacional del Surrealismo, que se inauguró el 17 de enero de 1940 en la principal galería de arte de México: la Galería de Arte Mexicano, dirigida por Inés Amor. La contribución de Frida a la exposición fue “Las Dos Fridas”.

En febrero de 1941 Diego acabó su mural en San Francisco y volvió a México para estar con Frida. En abril, Guillermo Kahlo muere de un ataque al corazón. Frida y Diego volvieron a Coyoacán para vivir en la Casa Azul.

Después del segundo matrimonio, la vida de Frida se volvió menos complicada y más rutinaria. Empezó a disfrutar de los simples placeres de la vida, y la nueva tranquilidad se reflejó en sus cuadros. En 1941, con la oposición de Stalin a Hitler, Frida volvió a expresar sus simpatías por el Partido Comunista.

En 1942, Frida fue elegida miembro del Seminario de Cultura Mexicana, el cual estaba bajo la dirección del Ministerio de Educación Pública. La misión de esta institución, formada por veinticinco artistas e intelectuales, era promover la cultura mexicana. En 1943 fue nombrada parte del personal docente de la escuela Esperanza, donde daría una clase de pintura; doce lecciones por semana. Después de unos pocos meses, la mala salud de Frida la obligó a enseñar desde su casa. Volvió a sufrir agudos dolores en su espalda y pie derecho y le ordenaron descansar. Tenia que llevar un corsé de acero, que se convirtió en el sujeto de su cuadro de 1944 “La Columna Rota”.

En junio de 1946 Frida sufrió una operación en su columna. Un especialista de Nueva York había sugerido que su columna debía ser enderezada y ella estuvo de acuerdo. Desafortunadamente, la cirugía no tuvo éxito. En septiembre de 1946 Frida ganó el Premio Nacional para el Arte y la Ciencia por su cuadro “Moisés”. Aunque todavía sufría dolores y se estaba recobrando de la cirugía Frida hizo una aparición en la ceremonia y aceptó orgullosamente su premio. En 1948 se unió de nuevo al Partido Comunista debido a su fe en la Revolución y las mejoras sociales.

En 1950 pasó nueve meses en el hospital ABC de la Ciudad de México, donde sufrió más operaciones en la espalda. Después de una de sus cirugías, se desarrolló una infección que conllevó más operaciones. Ese año sufrió siete operaciones. En noviembre, después de la sexta operación fue capaz de pintar de nuevo mediante un caballete especial montado en su cama. Se movía por la casa y los jardines en una silla de ruedas y podía caminar solo cortas distancias con el uso de muletas o un bastón. Mientras estuvo en el hospital ABC, su cirujano fue el Doctor Juan Farrill. Se convirtieron en grandes amigos y como muestra de aprecio, Frida pintó “Autorretrato con el retrato del Dr. Juan Farrill” para dárselo como regalo.

Como resultado de su inmovilidad, Frida pasaba la mayoría del tiempo en casa. Su relación con Diego se había vuelto “platónica” y sus relaciones más íntimas eran casi exclusivamente con mujeres. Después de 1951, el estilo de Frida cambió. Su dependencia de los analgésicos estaba afectando seriamente su coordinación y sus cuadros ya no tenían la precisión técnica y detalle que los caracterizó en el pasado.

En 1953, la fotógrafa Lola Álvarez Bravo organizó la primera exposición en solitario del trabajo de Frida en México. La salud de Kahlo empeoró de tal forma que, la tarde de la inauguración, los doctores insistieron en que se quedara en cama. No obstante, estaba determinada a no perderse el evento y, en la típica manera que la caracterizaba, acudió. Hizo arreglos para que llevaran su cama, que tenía cuatro columnas enormes, a la exposición y con el dolor calmado por analgésicos llegó más tarde en una ambulancia. Vestía lujosas ropas mexicanas y saludó a todos los allí presentes.

El dolor en su pierna derecha era ahora intolerable y en agosto de 1953 tuvieron que amputársela por debajo de la rodilla. Le construyeron una pierna artificial que le permitía caminar, pero la operación la sumió en un estado de depresión profunda. Cinco meses más tarde, se las arreglaba para caminar distancias cortas con la pierna artificial e incluso apareció unas pocas veces en público. Su estado de ánimo cambiaba desde la euforia hasta los más negros pensamientos de suicidio. La última aparición pública de Frida fue el 2 de julio de 1954, cuando participó en una demostración para protestar el derrocamiento del gobierno democrático del presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz, por parte de la CIA.

Gravemente enferma con una neumonía, Frida Kahlo falleció, a sus 47 años, durante la noche del 12 al 13 de julio de 1954, siete días después de su cumpleaños. La causa del fallecimiento fue embolia pulmonar, aunque los pensamientos suicidas expresados en su diario hicieron pensar que quizás se suicidó.

En la tarde del 13 de julio, su ataúd se colocó en el vestíbulo de entrada del Palacio de Bellas Artes velado por una guardia de honor, la cual se mantuvo un día y una noche. Rivera dio permiso para envolver el ataúd con una bandera roja estampada con la hoz y el martillo; este acto causó mucha controversia, y el antiguo compañero de colegio de Frida, Andrés Duarte, se vio obligado a dimitir de su posición como director del Instituto Nacional de Bellas Artes. En la tarde del 14 de julio, más de 600 personas habían pasado a presentar sus últimos respetos. Seguido por una procesión de 500 personas, el ataúd se llevó por las calles hasta el crematorio. Allí, después de una ultima ceremonia de despedida, Frida fue incinerada de acuerdo con el deseo expresado antes de morir.

Sus cenizas se hallan hoy en un jarrón precolombino en la casa que Frida compartió con Diego. Un año después de su muerte, Rivera cedió la casa al gobierno mexicano para convertirla en un museo. Diego Rivera murió en 1957 y a su muerte cedió todos los derechos de su obra, así como los de Frida Kahlo, a la nación de México. El 12 de julio de 1958, la Casa Azul se abrió oficialmente como el “Museo Frida Kahlo”.

Kahlo ha sido un icono feminista y un símbolo para las mujeres por su aceptación como ser, su manera de romper estereotipos, su activismo revolucionario, la libertad con la que vivió su sexualidad y, principalmente, por su cruda visión de la condición femenina, especialmente del dolor, la maternidad, el aborto y el amor.

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